Científicos reflexionan sobre las propias defensas naturales del cuerpo como base para tratamientos oncológicos

El tópico que rige las celebraciones del Día Mundial de la Inmunología cambia cada año. El de 2019 está inspirado en el último premio Nobel de Medicina, otorgado al estadounidense James Allison y al japonés Tasaku Honjo por sus descubrimientos en torno al papel de las células del sistema inmune frente al cáncer.

Así, este 29 de abril, las actividades alusivas a la fecha –promovidas en nuestro país por la Sociedad Argentina de Inmunología (SAI)– estarán abocadas a una relación muy singular por la cual un tumor puede ser atacado y destruido apenas se detectan sus primeras señales o, por el contrario, verse favorecido con un microambiente que le permita seguir creciendo ilimitadamente.

“El vínculo más directo entre inmunología y cáncer es el de las inmunoterapias o terapias biológicas, que consisten en la administración de anticuerpos específicos para atacar tumores. Hay muchas probadas y que ya se aplican, y otras tantas en etapa de experimentación”, explica Fernando Chirdo, investigador del CONICET en el Instituto de Estudios Inmunológicos y Fisiopatológicos (IIFP, CONICET-UNLP) donde integra un proyecto enfocado en cáncer de colon que está a punto de comenzar. 

Junto a Griselda Moreno y Marina Biedma, investigadoras del CONICET y de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) en el IIFP respectivamente, coinciden en lo complejo del tema dado que “hablar de cáncer no es referirse a una sola enfermedad, sino a muchas”. “Todas las células del cuerpo tienen una vida programada: se diferencian en un tipo u otro según el tejido u órgano que formen, atraviesan ciertos estadios y finalmente mueren. Algunas viven muchísimo y otras se renuevan con frecuencia. Pero a veces algo de ese recorrido falla y ocurre una neoplasia, es decir una multiplicación descontrolada”, explican las expertas. 

“Aquí entra el sistema inmune, que tiene estrategias para detectar a esa célula que se está comportando de manera anormal y eliminarla. Eso sucede todo el tiempo en el organismo sin que nos demos cuenta. El problema viene cuando esta instancia también falla y las defensas del cuerpo pasan por alto ese daño que es la formación tumoral, y que llegado a cierto punto ya es muy difícil de controlar”, relata Moreno.

En una analogía con los sistemas de control de una ciudad que los mismos científicos utilizan para graficar la situación, se puede pensar en un caño de agua roto en una vereda cualquiera: al principio la pérdida puede ser insignificante pero, si no se repara a tiempo, aumenta e inunda toda la calle y entonces se rompe el asfalto y la destrucción es cada vez mayor. “Al final, saber dónde está la fisura inicial ya es anecdótico; no importa porque no basta con arreglarla, ahora el trastorno es enorme y es necesario abordarlo con otras herramientas”, señala Biedma. 

“A su vez, un tumor sólido maligno tiene sus propias estrategias para sobrevivir porque sabe que van a intentar atacarlo”, añade Chirdo y continúa: “Entonces, las células que lo forman son distintas a las normales: tienen otras proteínas o patrones moleculares que son lo que las definen como cancerígenas. Y a partir de este punto podemos empezar a hablar de las inmunoterapias, un terreno de investigación que está en pleno desarrollo y cuyos avances aplicados a la medicina siguen apareciendo aún mucho tiempo después de las primeras observaciones a nivel de laboratorio”. 

Descriptos sus mecanismos desde hace varias décadas, las inmunoterapias se basan en el aprovechamiento de los recursos del sistema inmune para combatir un tumor cuando no ha podido hacerlo por sí solo. Se trata de la administración de un anticuerpo fabricado in vitro que reacciona contra un antígeno tumoral específico, es decir una molécula que sólo está en las células cancerígenas. “Una vez que se ha determinado su presencia a través de la biopsia, la terapia consiste en la inyección del anticuerpo que reconoce a esas células y las ataca”, señala Moreno. 

Si bien hay distintos tipos de cáncer que ya cuentan con terapias biológicas probadas –como los de mama, colon y esófago–, la realidad es que la posibilidad concreta de aplicación siempre depende de múltiples factores como las características del tumor, su localización y estadio, y el estado general del paciente. “Pero comparadas con los tratamientos oncológicos convencionales como la quimioterapia o los rayos, aportan efectividad y selectividad porque son sustancias que van dirigidas como una bala únicamente a las células que presentan determinado antígeno tumoral”, apunta Chirdo. 

Los especialistas aprovechan el tema para hacer hincapié en un error muy frecuente: el de definir a las inmunoterapias como “vacuna contra el cáncer”. “Suponemos que puede darse por asociarlo con el modo de administración más comúnmente usado, que es la inyección. Pero conceptualmente la vacunación es otra cosa, diferente por su funcionamiento”, argumenta Biedma.

Así, aclaran que las vacunas son, por definición, siempre preventivas, es decir que no se aplican para interrumpir un proceso, como sí hacen las inmunoterapias. Básicamente, consisten en la introducción de una suspensión de agentes infecciosos atenuados o muertos para estimular al sistema inmune a que los reconozca, forme anticuerpos y genere inmunidad antes de llegar a enfermar. 

El único caso en que hablar de vacuna contra el cáncer es correcto es en cuanto al Virus del Papiloma Humano (HPV, por sus siglas en inglés). “Hay más de cien cepas y muchas de ellas afectan a un tipo de células en el cuello del útero que, como reacción, empieza a multiplicarse descontroladamente, dando lugar a las lesiones tumorales. La vacuna es preventiva porque hace que la población directamente no se infecte con el virus si en algún momento de la vida entra en contacto con él”, explica Moreno. Cabe mencionar que en nuestro país la vacuna contra el HPV está incluida en el calendario obligatorio y se aplica a niñas y niños de 11 años de edad.

Proyecto institucional en cáncer de colon

Este año, el IIFP dará comienzo a un proyecto institucional titulado “Los estadios del cáncer de colon y la inflamación de bajo grado: estudio del rol de la microbiota, búsqueda de biomarcadores y desarrollo de estrategias de intervención preventivas” que se abocará a desentrañar las posibles causas de las primeras fallas a nivel celular en el caso de tumores colorrectales.

El trabajo analizará las alteraciones de la flora microbiana intestinal, que se sabe están relacionadas con la aparición de inflamaciones, que a su vez cuando son crónicas pueden desencadenar la formación de pólipos y derivar en un tumor maligno. “Hay cientos de disparadores para que esto suceda, y están relacionados al metabolismo, alimentación, patologías de base, entre otras cosas. Conocer eso permitiría intervenir en esas etapas previas a la enfermedad”, señala Chirdo. 

Investigador del CONICET y director del IIFP, Martín Rumbo destaca que el proyecto prevé la realización de pruebas con muestras de tejidos de ratones y de humanos. “El primer caso es un modelo que permite hacer intervenciones a nivel de la dieta, o con prebióticos o microorganismos para cambiar el curso de la enfermedad. Y el segundo sirve para analizar aspectos celulares y moleculares de las lesiones, y a la vez hacer un seguimiento de la evolución de pacientes a lo largo del tiempo”. 

Finalmente, sobre el Día de la Inmunología, los especialistas reflexionan a partir de la “enseñanza” que el propio sistema inmune con su funcionamiento podría dejar: prevenir antes de tener que curar. “El concepto que tenemos de salud en realidad es ‘ausencia de’. Pensemos en las entidades públicas que la gestionan: abordan enfermedades y tratamientos en lugar de concentrarse en mantener saludable a la población”, opina Moreno y concluye: “Y precisamente la característica del sistema inmune es la prevención, trabajar para que no aparezcan anomalías. Creo que fortalecer esa idea como modo de vivir es una buena manera de honrar la fecha”.

Fuente: https://www.agencianova.com/nota.asp?n=2019_4_29&id=72555&id_tiponota=63